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CORPORATE COMPLIANCE. EL TEMA JURÍDICO ESTRELLA

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A pesar de que hace ya siete años de la incorporación en el Código Penal de la responsabilidad penal de las personas jurídicas por delitos cometidos en su seno, parece que en los últimos meses se ha convertido en el tema jurídico estrella y en la principal preocupación para los directivos de empresas de nuestro país.

Ello puede responder al escepticismo inicial que rodeó a esta nueva figura jurídica, pues nadie comprendía aquello de “una empresa puede cometer delitos”, lo que ha hecho que su engranaje haya tenido dificultades en nuestro ordenamiento. No obstante ello no ha detenido a los Tribunales que ya cuentan a día de hoy con numerosas sentencias de condena a personas jurídicas por la comisión de delitos.

Parece también que su inclusión en el Código Penal genera cierto impacto en las empresas españolas, acostumbradas a moverse en el ámbito de sanciones administrativas. No obstante, a pesar de que el sistema penal español es uno de los más duros de Europa, es un derecho de intervención mínima, por lo que debemos enfocar esta norma más a la prevención que a la sanción.

En nuestra labor como profesionales en este ámbito, observamos día a día el desafío que supone para el empresario de a pie, tener que enfrentarse a cambios normativos constantes, invirtiendo en ello su tiempo y su dinero, mientras lucha por salir a flote en un mercado cada vez más competitivo y todavía recuperándose de los efectos de una crisis devastadora.

A ellos se dirigen estos párrafos, para transmitirles que la finalidad de la implantación del Corporate Compliance en sus empresas, no solamente se dirige a obtener una prueba ante un Tribunal, sino también a apostar por una ética corporativa y una cultura de cumplimiento que son la clave del progreso y del crecimiento sostenible en el tiempo.

Para ello debe existir un compromiso por parte de los directivos y órganos de administración, que realmente quieran apostar por introducir en su empresa una verdadera conciencia de prevención y de cumplimiento normativo, y aprovechar esta nueva exigencia para analizar no solo los riesgos penales de su empresa, sino aquellos que al hilo de los mismos se puedan detectar, mejorando en su actuar en el mercado, su reputación y su productividad.

Alma Antón

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ADAPTARSE O MORIR (Atlántico Diario)

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Alma Antón

Oh, España, un país de tradición, un país donde nos gustan las cosas “de toda la vida”, un país de gente de bien, un país donde lo de siempre es la mejor opción, donde nos gusta comer en “Casa Paco”, y que el camarero nos sirva lo que queremos sin necesidad de decirlo….

Señores, permítanme el atrevimiento, un país de necios…

Pienso en la famosa cita de Darwin, “adaptarse o morir”, y en un intento de extrapolarlo a la cultura que existe en nuestro país, no me salen las cuentas.

Darwin decía que no sobrevivirán aquellas especies más fuertes, sino las que mejor se adapten a los cambios. Trasladando su filosofía al mundo profesional, se me ocurren cantidad de situaciones en las que se fracasa por no tener la capacidad de adaptarse.

El empresario de siempre, vive enamorado de lo de siempre, porque ha obtenido resultados, y “si algo funciona, mejor no tocarlo”. ¡Error! Despierten, viven en un mundo cambiante, donde el mercado al que se dirigen cambia constantemente. La necesidad de adaptación es la piedra angular del mundo empresarial actual.

Una de cal y una de arena. Querido empresario, te entiendo, entiendo que has apostado por tu idea y parece que cada vez es menos tuya y más de la ley, pues te atosigan con prohibiciones, con controles, y tu margen de actuación se reduce sin retorno.

Pero tienes que asumir, digerir y cambiar, pues en último término,

“Te subes al barco del cambio o te ahogas en tu tradición”.

La última novedad, el “no va a más”, tu empresa puede salir condenada por un delito penal. Espera, pero ¡¿cómo es posible?!¡¿cómo va a ir a la cárcel una empresa?!. Así es, la empresa puede ser condenada por delitos cometidos en su seno, y si bien es cierto que la empresa como ente no es susceptible de condena de prisión, una intervención judicial o una suspensión de actividad no son condenas “apetecibles” en ningún caso.

Mi consejo: protégete, resguárdate del chaparrón, antes de que caiga, porque aunque no lo creas, a veces cae. El Código Penal, permite a la empresa eximirse de una posible responsabilidad penal, a través de un plan preventivo de delitos. En plata, la empresa ha de demostrar que es consciente de los riesgos que se dan en la misma y que ha adoptado todas las medidas posibles para atajar los mismos, empleando la diligencia de un buen padre y formando a sus empleados en una cultura de cumplimiento.

No me malinterpreten, me declaro incondicionalmente adicta a las cosas de toda la vida. No obstante, por suerte o por desgracia, nací en un tiempo de cambios, sociales, políticos, tecnológicos… y para mí, paradójicamente, el cambio en sí mismo es tradición.

Se percibe por mi generación, que en el mundo “adulto”, existe miedo al cambio. Incluso llega a interpretarse como “libre albedrío”, aparejado a inestabilidad y a falta de rectitud moral. Pero en el momento en el que uno se da cuenta de que, históricamente, sus padres son sus hijos, empiezan a encajar las piezas del puzle.

No se puede juzgar a una persona que lleva la mayor parte de su vida con unas convicciones, por no entender y digerir ciertos cambios, sobre todo sociales. Aquella frase de abuela de “fillo busca una boa moza que sepa cociñar e limpar”. A mí eso me enternece, no me genera crispación, e ineptos serán a mi entender aquellos que vean en ello reproche alguno, pues es parte del ciclo de la historia. Limitémonos a entenderlo como algo que requiere reforma y hagamos juntos un cambio constructivo, en vez de llenarnos la boca de prejuicios y de creernos los más progres por tener unas ideas que ni siquiera son mérito nuestro, sino del tiempo.

ALMA ANTÓN

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